Cuento sobre la regeneración celular

Lilith visita a Nerea

Apenas eran las siete de la mañana cuando Lilith se estaba preparando una zumo de fruta A, C y E. Pelando una zanahoria tuvo la mala suerte de pelarse el dedo gordo. Empezó a salirle sangre porque se había hecho bastante daño.

Rápidamente se puso yodo y una gasa y esparadrapo. Respiró y se relajó para superar el susto que se había llevado.

Decidió no ir a correr esa mañana. Hoy visitaría a su amiga Nerea que trabajaba en el Instituto Médico Estatal.

Lilith estaba decidida a realizar un proyecto que consistía en hacer un resumen del valor que tiene el futuro de una clase como fue la suya, pasado el tiempo.

De paso iba a visitar a todos sus antiguos compañeros.

– Hola, me llamo Lilith y me está esperando la doctora… ¡Hola Nerea has bajado a buscarme!- La recepcionista se quedó ojiplática al ver la alegría y efusividad con la que ambas se encontraron.

– Estoy tan contenta de verte.- dijo Nerea. La amigas se fundieron en un abrazo.

– ¿Qué tal estás? Estás guapísima.- Dijeron al unísono.

– ¡Ja, ja, ja, ja, ja!- Rieron.

– Bueno, primero tú. ¿Qué tal? ¿Como está tu mami?- Preguntó Lilith.

– Bien, si la ves… como una rosa. Trabajamos juntas, ahora ella se dedica a investigación y cataloga todo tipo de productos homeopáticos.

– ¡Ah! sí, a ella siempre le gustó ese tema.- Respondió Lilith.

– Claro, pues ahora ya se dedica de lleno.- Aseguró Nerea.

– Entonces, ¿a tí también te gusta ese tema?- preguntó Lilith.

– No, qué va, yo me he centrado en la regeneración celular

– Ah vale, trabajáis cerca pero en distintos departamento, ¿no?- preguntó de nuevo Lilith.

– Eso es. ¿Quieres ver lo que yo hago? Que ya me dijiste el otro día que tenías la intención de recopilar lo que hacemos todos.- Dijo Nerea.

– Sí, por favor, incluso a lo mejor te pido un favor. Así me ahorro ir al médico.- Lilith mostró su dedo accidentado a su amiga.

– Uh… qué feo. Sí no te preocupes, en el departamento tengo algún chip antiguo de nanotransfección tisular.- La tranquilizó Nerea.

Llegaron al despacho de Nerea, sacó de un cajón un chip y se lo aplicó a Lilith en la mano. Se lo volvió a vendar y se fueron a recorrer el laboratorio en el que Nerea trabajaba.

– Mira, Lilith, ¿ves ese gatito?- Señaló Nerea.

– ¡Guau! pero… ¿Qué le ha pasado?.- Miraron a través de un cristal en el que había un gatito ¡con seis patas!

– Nació así. Y nosotros vamos a curarlo. Cuando éramos pequeñas gracias al CRISPR-Cas9 el gobierno puso en funcionamiento un programa para que las personas evitásemos durante el embarazo la transmisión de genes erróneos.- Explicó Nerea.

– Sí, ¿como lo de la muerte súbita que había, no? – contestó Lilith.- De hecho mi madre me compró un aparato que se ponía en el pañal y pitaba si notaba que no respiraba. Pero… Menudos sustos se llevaban cada vez que se me movía el aparato y saltaba la alarma- Explicó Lilith.

– Sí, efectivamente, la miocardiopatía hipertrófi…. ja, ja, ja, ja. La muerte súbita. Vaya. Que sino dices que digo palabros raros. ¡Ja, ja, ja!- Rió Nerea. – Pues eso- continuó- que hace ya tiempo que los humanos hemos reducido la transmisión de genes erróneos, ahora nos queda atajar los accidentes genéticos. Que es lo que le ha pasado a este gatito.- acabó diciendo Nerea.

– Ok, de modo que lo que tú quieres evitar, es que nadie pueda decir eso de sacarle tres pies al gato, ¿no?.- Contestó Lilith.

– ¡Ja, ja, ja, ja! volvieron a reír las amigas.

– ¿Qué tal? ¿Cómo va esa mano?- preguntó Nerea levantándole el apósito.

– ¡Anda! pues ya casi perfecto. ¿Lo dejo ya al aire?- Preguntó Lilith. Nerea asintió. – Así da gusto venir a ver a una amiga. Gracias Nerea.

 

Nota de la autora: Yo usé un aparatito que me fue muy bien y que me quitó el miedo a la muerte súbita.

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